Ellos y ellas usaron su cabeza.

Juana Vicente, Miguel Bejarán, Domingo Colón, Juan Comprés, Isabel de la Cruz, José Ramón de la Rosa, Juan Encarnación, Manuel Jiménez, Rubén Maldonado, Alfredo Martínez, Demóstenes Martínez, Abraham Martínez, Gmaliel Montás, Hilda Moronta, Franklin Peña Villalona, Mirtha Elena Pérez, Karem Ricardo, Asif Nazario Risek, Martha Rodríguez, Gustavo Sánchez, Elso Segura, Gilberto Serulle, Minou Tavárez Mirabal, Víctor Terrero, Lety Vásquez, Santiago Vilorio, Agne Berenice Contreras, Pedro Aguirre, Rafael Librado Castillo, Josefa Caastillo, Salomón García, Noé Marmolejos, Isabel Bonilla, Julio César Valentín, Prim Pujals

jueves 5 de noviembre de 2009

Abierta la convocatoria para el taller "Internet como herramienta periodística"

¿Te interesa conocer qué aporta la web a ejercicio de un periodismo de investigación de mayor calidad? ¿Qué herramientas están a nuestro alcance para contrastar datos, buscar referencias, mejorar la calidad de nuestro periodismo? ¿Te gustaría adquirir conocimientos para mejorar tus espacios de periodismo ciudadano (blogs, web independientes) para sacar a la luz informaciones que los medios tradicionales no publican? ¿Quieres saber cómo hacerte parte de redes para difundir tus materiales? ¿En qué contribuyen con el periodismo las redes sociales? ¿Tienes dilemas éticos a la hora de publicar? ¿Quieres saber cuándo es confiable una información en la web? ¿Cómo ganar credibilidad online?

Estas y otras preguntar serán abordadas del 30 de noviembre al 3 de diciembre en dos talleres gratuitos para profesionales de la comunicación (uno para docentes y otro para periodistas) además de estudiantes. Podrás hacer el taller de manera presencial o virtual.

Para tener todos los detalles sobre cómo participar entra a http://redciberetica.org y ayúdanos a difundirlo.

Estos talleres son una iniciativa de La Cátedra Unesco de Comunicación, Democracia y Gobernabilidad con sede en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) en coordinación con el International Center for Journalists (ICFJ) y con auspicios del Centro Franklin de la Embajada de los Estados Unidos

domingo 1 de noviembre de 2009

Periodismo, democracia y esperanza

He pasado esta semana discutiendo con mis estudiantes si el periodismo puede llegar a ser más importante que el pan. Parecería una osadía, pero el dilema, planteado por Javier Darío Restrepo, parece pertinente cuando los poderes tradicionales apuestan por la oscuridad y el periodismo debería erigirse como el foco que ilumine sus desaciertos.

Para Bill Kovach y Tom Rosentiel, los autores de “Elementos del periodismo”, existe un decálogo para vivir la profesión. Me imagino la sorna con que algunos dirán que es material para el aula y no para la vida, pero cada día me convenzo más de que el aula me acerca a la vida que quiero llevar.

“La primera obligación del periodismo es para con la verdad”, que no es más que lo comprobable. “Su primera lealtad es para con la ciudadanía”, no para con gobiernos, empresariado ni anunciantes, estos últimos seguramente dispuestos a seguir a quien tenga de su lado a los “clientes”.

¿Qué pasaría con la función de supervisión del poder, con la independencia si los mal pagados comunicadores se acogen a las bondades de la publicidad o de sus propias fuentes noticiosas y evitan “importunarlas” con informaciones “molestas”?

El periodismo llega a ser más importante que el pan en momentos en que la situación de un pueblo es tan crítica que la esperanza se valora más que la comida y se constituye en una herramienta de construcción democrática. “Tiene la obligación de proveer un foro para la crítica pública y el compromiso”, y para ello los y las periodistas debemos lograr que lo que importa sea interesante, y darle relieve.

Este periodismo propulsor de cambios no se permite sensacionalismos. Es exhaustivo y proporcional. ¿O creemos que la gente no sabe qué es serio y qué es circo? El ejercicio de la conciencia propia del periodista siempre deja clara la diferencia. Pero con frecuencia gana el miedo. A perder estatus, trabajo, espacio.

Kovach y Rosentiel agregaron hace dos años un último elemento: esa ciudadanía a la que nos debemos no puede ser indiferente al proceso periodístico. La gente recupera su hegemonía sobre la información. Soy optimista. En medio de tanta mugre, se ve mucha luz.

lunes 12 de octubre de 2009

Una apuesta por la esperanza

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El viernes, mientras algunas gotas de cielo refrescaban los ánimos, cantábamos. Coreábamos consignas y yo me detenía a mirar a policías sonreír, a adolescentes retozar, a adultos de todas las “edades” (segunda, tercera) apostar a la comunión de esfuerzos para lograr justicia.

Estábamos frente al Congreso Nacional. Frente a la sede de la Asamblea Nacional que debe comenzar a escuchar a su pueblo. El día anterior las cámaras de televisión habían captado lo que muchos se han empeñado en calificar de “práctica común” y no sorpresiva. Dos legisladores votaban dos y tres veces, para lograr quórum. La Asamblea Revisora se desacreditaba aún más.

El día de playa frente al Congreso, el mundo se despertaba con la controvertida noticia de un premio Nobel de la paz para un hombre que tiene mucho por demostrar aún: Barack Obama se confesaba sorprendido y humilde ante el reconocimiento que decidió calificar como un “llamado a la acción”. Me pareció que mi pueblo estaba sintiendo un llamado similar.

No he vivido tanto. En mis 32 no he sido testigo de primera línea de grandes revoluciones ni de movimientos sociales impactantes. Mejor he visto caer en el descrédito a gremios y sindicatos, a partidos y a hombres y mujeres. He visto una generación sumida en la indiferencia y el individualismo. Golpeada por la falta de esperanza y apabullada por sectores con más poder mediático y fáctico.

Por eso me emociona tanto ver a estos chicos y chicas que no necesitan pelear para comer en plena lucha ciudadana. Ellos y ellas pueden ir a los resort sin problemas, no les falta para la entrada. Por eso me mueve verles saltar, cantar, ser creativos y defender y exigir que protejamos a Los Haitises, que no haya indultos cuestionables, que se proteja la vida, pero también la vida de las mujeres, que no intenten quitarnos nuestros derechos. Me encanta verles con otros menos favorecidos por el dinero, me gusta verles de mano con otras generaciones más duchas en batallas por la libertad.

Esta fue una semana para la esperanza... y no dejaremos que se apague.

*Las imágenes provienen del blog País de Ficción, de José Arias

lunes 5 de octubre de 2009

Paredes que hablan

En las dictaduras, las paredes oyen y hasta las familias chivatean. Entre quienes amamos la libertad, las paredes sirven para otros fines. Hablan. Se quejan, hacen catarsis y nos cuentan el sentir del pueblo. Nuestras paredes se niegan a ser oídos prestados para el mal nuevamente. Gritan a quien quiera oírlas que ese adefesio que están cocinando en el congreso no es nuestra Constitución. No la aceptamos, no la queremos. Queremos paredes y gente libre, playas que huelan a yaniqueque y mujeres que sean reconocidas como ciudadanas de primer orden. Queremos que nos respeten.

domingo 4 de octubre de 2009

Nadie puede quitarnos nuestros derechos

Esta semana ha sido difícil para quienes creemos en la democracia. Hemos visto desfilar por delante nuestro los más diversos agravios al espíritu ciudadano.

Hemos presenciado con asombro y rabia -sí, algunos todavía nos sorprendemos y nos irritamos ante el abuso- cómo sin vergüenza alguna nos quieren recortar derechos; se burlan de nuestros votos y ofenden nuestra inteligencia. Y la campaña apenas comienza. Y son seis años y el hambre es mayor.

El engendro que se cocina en la Asamblea Revisora desnuda nuestras más profundas miserias como nación, mientras nos distraemos con temas más sensacionales como el narcotráfico y la novela de Figueroa Agosto y Lucho Santacruz Echeverri, los dimes y diretes del PRD o las mil y una formas de la propaganda descarada para avanzar aspiraciones políticas financiadas con el dinero suyo y mío.

Quienes que estamos indignados porque nos han convertido en un papel lejano a nuestra Carta Magna suponemos que esos mal llamados representantes nos creen tan idiotas como para aceptar sin más que le pasen el borrador al proyecto original para eliminar el derecho a una administración pública honesta y transparente y a otros como el derecho al disfrute de los bienes de dominio público, al uso de los avances de las ciencias y la tecnología, al acceso y libre expresión en el ciberespacio.

Eso sin hablar de la obligación constitucional que condena a muerte a las mujeres pobres que tengan un embarazo ectópico o uno médicamente complicado, o de la aberración de condicionar a la defensa de la propiedad privada el derecho al uso de nuestras fuentes hídricas, queriendo legitimar así la ilegalidad de cerrar balnearios y cobrar por la entrada.

Tenemos que despertar. Nadie nos puede quitar nuestros derechos ni obligarnos a aceptar leyes que nos perjudiquen. Es la hora de ser verdaderos patriotas y rebelarnos.

domingo 27 de septiembre de 2009

Yo vigilo mis libertades


"Zlatko Dizdarevic supo que su periódico era más necesario que el pan el día en que los guerreros lo incendiaron. Liberación era el único periódico que se publicaba en Sarajevo, y a pesar de la destrucción total de sus equipos e instalaciones, al día siguiente del incendio circuló como de costumbre, y aunque los ejemplares se vendieron al doble de su precio, la edición se agotó en manos de lectores que apenas si tenían el dinero suficiente para comprar pan. ¿Ycómo se explica que un periódico pueda llegar a ser más necesario que el pan? le pregunté a Zlatko Dizdarevic. Él me respondió con la misma seguridad con que se formulan los axiomas o las verdades rubricadas por la experiencia: 'Porque en las crisis la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza'". La historia la cuenta el maestro del periodismo Javier Darío Restrepo, y me parece muy pertinente en estos momentos.


Ridiculizada la propuesta del diputado peledeísta por Puerto Plata Alfonso Crisóstomo (aunque aún pendiente de conocerse) y rechazado el intento de establecer la censura previa en la Constitución, aún hay razones para preocuparse. Esta semana, una comisión creada por decreto presidencial y encabezada por el doctor Rafael Molina Morillo concluyó la confección de cinco anteproyectos vinculados de una u otra manera a la información. El propio Molina Morillo, de quien no espero otra cosa que una defensa sin miramientos a la libertad de expresión y el libre acceso a la información, me contó que los anteproyectos de ley tocan los siguientes temas: el primero será sobre libertad de expresión, que modificará ampliamente, según lo que me dijo, la actual 6132 de expresión y difusión del pensamiento. Le sigue un anteproyecto sobre medios audiovisuales y espectáculos públicos; un tercero tratará todo lo vinculado a la publicidad, aunque habrá uno diferente dedicado a la publicidad estatal (me pregunto por qué). Por último, un anteproyecto que modifica la ley 200-04 de libre acceso a la información pública se incluye entre lo que el Presidente recibirá esta semana.

Aunque confío en el espíritu liberal que Molina Morillo asegura tendrán esos anteproyectos, me preocupa mucho su confirmación de que en la modificación a la 200-04 se habla de unos Consejos de Información Clasificada (CIC), que serivirían para decidir qué informaciones se calificarían de restringidas o clasificadas, o sea, no aptas para el público. Esto puede abrir una puerta a un mayor secretismo del que ya existe en torno a la información que nos pertenece como ciudadanos y ciudadanas. Una especie de candado a para, entre otras cosas, ese periodismo que ya vimos puede ser más importante que el pan en un país donde poco amerita clasificarse como secreto de Estado.

Los cinco anteproyectos fueron trabajados por una comisión presidida por Molina Morillo, en la que estuvieron Sonia Vargas, Adriano Miguel Tejada, Miguel A. Prestol, Rafael Núñez Grassals, Jottin Cury hijo, Nanphy Rodríguez, Leonel Melo, José Reyes Gómez (ADORA) y Zaida Lugo Lovatón (LIDAP). Los detalles los conoceremos, espero, una vez el Presidente los reciba.

En lo personal, me mantendré vigilante. Aunque se busque ampliar derechos, no restringirlos, hemos visto que de buenas intenciones está lleno el camino de desgracias congresionales.

domingo 20 de septiembre de 2009

Señales de alerta ciudadana

La aprobación por la Asamblea Revisora del artículo 38 (más conocido por su numeral anterior, el 30) que aleja la posibilidad de legalizar el aborto terapéutico, o por casos de incesto o violación; el sometimiento por parte de un diputado de un proyecto que pretende cercenar la ley de Libre Acceso a la Información Pública y el “error” que provocó que el concepto “información veraz” se colara en el informe de la comisión de verificación de la reforma Constitucional trayendo consigo la sombra de la censura previa, son algunas de las señales alarmantes que esta semana han surgido desde el ámbito legislativo.

No puedo dejar de sumar agravios como las declaraciones del diputado perredeísta por La Vega, Radhamés Ramos García, mejor conocido como “El Chino”, por problemas legales que lo vincularon al tráfico de personas: “Solo pare si quiere parir porque, in so facto (sic) se descubre que está embarazada... se le hace la prueba... solo tiene que colocarse en una escalera a 6 peldaño (sic) y bajar de glúteos... bajar de nalga y esto va provocar un sangrado y cuando usted lleva lleva a su niña a una clínica, el médico in so facto (sic) le hace una limpieza simple y llanamente, esa es la realidad, pero además existen pastillas que conocen bien, que solo hay que colocarla (sic) en la vagina, eso es así y se provoca un sangrado...”, según reportes de prensa.

Una vez más, nuestro Congreso le da la espalda a su pueblo. Creo que el solo hecho de que la sociedad se haya lanzado al debate, que hombres y mujeres se hayan manifestado contra la aberración constitucionalizada de abandonar a las mujeres es un paso de avance. Que nos hayamos puesto de frente contra cualquier intento de cercenar el libre acceso de la ciudadanía a la información es buena señal.

Lo que no cabe ahora es desmayar. Debemos entender de una buena vez que si no ejercemos nuestros derechos ciudadanos, los perderemos.